La Mili
Aquí me tienen vestido de soldadito español con mi eterno amigo y compañero de fatigas Rafael González “Chiclana”. Hice el servicio militar, la Mili, en la localidad de San Fernando, Cádiz, en el cuerpo de Infantería de Marina. El nuestro fue el primer reemplazo del ‘98. Como todos sabemos la mili duraba nueve meses, uno de instrucción y ocho de servicio regular. El período de instrucción lo hicimos en Cartagena, Murcia en el mes de enero. Lo que más recuerdo de Cartagena es el frío que hacía y lo alto que estaba el cuartel. Estaba en unos cerros al lado del mar y cada vez que íbamos teníamos que subir unas cuestecitas que vaya tela. Y qué decir de los mandos y oficiales que tenían la árdua tarea de instruirnos y enseñarnos las nobles tareas de las gloriosas fuerzas armadas españolas. Todos muy “simpáticos”. Verdad Chele? A mí me tocó estar en la cuarta compañía, ya que a los soldados de reemplazo nos dividían en compañías. Que por cierto era la que tenía el edificio en lo más alto de la montaña o lo que fuera aquello. La verdad que ejercicio hacíamos. Era una buena dieta hacer la mili. Nada más llegar pelado al canto. Luego la ropita y a repartirnos. Todos los días siguientes era pura instrucción con vistas a la jura de bandera que se hacía a final de mes. Aprender a desfilar, aprenderse las divisas, a saludar, pero sobre todo a estar jodido todo el rato. Imaginarias, guardias de cocina, qué bonito fregar las cacerolas gigantes, qué arte más grande tenía la mili. Las comidas estaban bastante bien. Siempre frías pero bien. Y los bocadillos de chorizo y salchichón eran

inigualables después de cada instrucción matutina. También aprendimos a cantar. Dos o tres canciones que teníamos que entonar el día de la jura. La verdad que era todo un poco un cuento que te metían como si fuera de las películas para que nos picáramos entre nosotros. Que si mi compañía es mejor que la otra y tal y cual. Nos metían “caña” en ese aspecto. Era todo un poco anormal la verdad. Pero este aspecto se verá mejor en la siguiente fase: San Fernando. Pero sigamos. Ya al cabo del mes, llegó el día especial. Recuerdo a todas las familias de los soldaditos, llenando las gradas de la pista donde se hacía el desfile para ver a sus niños ya hechos hombres. Mis padres también fueron. Un apacible paseíto desde Sevilla hasta Cartagena. Todo muy bonito. Un par de vueltas, el besito a la bandera y ala! Todo el mundo para casa. Mención aparte el tremendo negocio que hacían luego con la venta del vídeo, fotos y y todo tipo de recuerdos, como si fuera aquello una tienda de souvenirs de la calle Sierpes. Ya en San Fernando, Cádiz, que era mi destino, pasé el resto de meses como conductor llevando y trayendo oficiales, haciendo guardías y aguantando a la panda de subnormales cabos primero y subtenientes que sólo sabían hacerte la vida imposible. Lo único que aprendí fue a limpiar el fusil, que lo hice una vez. Y cosas buenas, las amistades que hice y algunos buenos ratos. Es resto de días, una pérdida de tiempo total. En fin, una experiencia. Menos mal que ya no existe. O no Chiclana?